09.14.07
Los dueños de las palabras
No está claro si forma parte de algún análisis marxista de esos, o si es que el capitalismo está abocado a caer en una espiral de sinsentidos, pero a estas alturas es evidente que la política del mío, mío, mío causa estragos en la sociedad hasta torcerse de tal forma que se hace burla a sí misma. Cuando al menos la discusión giraba sobre si al descargar un disco se estaba dejando de comprar, o sobre el rollo de si copiártelo de un amigo es una forma de lucrarse podía decirse que las discográficas y las gestoras de los autores eran obtusas e interesadas en sus razonamientos, uno podía enfadarse y discutir que no tenía sentido, pero siempre desde la seriedad y sintiendo que se está combatiendo algo, pero estas pequeñeces son ya cosa del pasado.
Ahora la exprimidora del beneficio ha espiral caído en una espiral donde cada vez nos sorprende más y más la facilidad para que sean abogados y jueces las voces autorizadas de que se dice, como y donde, no lo llaman censura, lo llaman propiedad intelectual.
Hace ya tiempo la SGAE nos sorprendía con denuncias cada vez más alocadas, conciertos benéficos, bodas y hasta actuaciones amateurs por parte de disminuidos, eran caballos de batalla donde estos repugnantes ladrones se batían a muerte por la obtención de más beneficios. El tiempo les ha dado la razón y en este mundo de plusvalías, donde no importa lo que se aporta sino como situarse en medio de cualquier interacción para sacar tajada, las entidades gestoras de autores y editores de libros se han metido en la bibliotecas porque tanta cultura gratis era un escándalo. Una evolución natural por otro lado, con la lógica del no importa lo bien recompensado que esté un trabajo lo que importa es que nadie disfrute de él sin pasar por caja, se ha construido un modelo de negocio destinado a garantizar todas las trabas posibles al acceso a la cultura.
A esta moda se están apuntado mucho caradura, es lógico, en un mundo donde lo fundamental es el beneficio, si pueden convencer a los poderes públicos de que te cagaste en el campo, que eso fertilizó la cosecha de trigo y por tanto los agricultores te deben parte de sus beneficios, lo haces y punto, de hecho, existen multitud de empresas y sociedades destinadas únicamente a defender los intereses de estos cagadores. Pero es que una cosa es que el agricultor te invitara al campo, y otra bien distinta es que vayas cagando a tú albedrío y luego vengas por la pasta, eso ya es pasarse.
Y aquí está el tema y la noticia, que no es que seamos grandes seguidores de Manu Chao, pero hacerle arrastrarse con disculpas públicas e indendización nos parece insultante hasta para él, sobre todo si analizamos que la obra robada es el “próxima estación”… “esperanza” de los grandes autores “María Jesús Álvarez” y “Javier Dotú”.